Conoce Mi Historia Completa

Mi historia

La paciente que se convirtió en especialista

Un día de abril, cuando todo parecía inalterable en mi vida, me hice la autoexploración de las mamas y encontré un pequeño nódulo. Fui al hospital. El ultrasonido detectó una masa de aproximadamente 3 milímetros ,algo tan pequeño que parecía insignificante. Pero mi radiólogo, un hombre experimentado cuya intuición clínica yo no conocía todavía del todo, me recomendó confirmar el hallazgo con una mamografía.

Mi decisión fue inmediata: quería que esa masa desapareciera. “Yo no nací con esto”, le dije al médico con la certeza tranquila de quien todavía no sabe lo que se avecina. Mi ginecólogo me tranquilizó con argumentos que, sobre el papel, tenían todo el sentido del mundo: soy delgada, no consumo alcohol ni tabaco, hago ejercicio regularmente. “Jamás podría ser un tumor maligno”, dijo con una seguridad que yo abracé con alivio.

El cirujano extrajo la masa. Y entonces dijo algo que cambió el rumbo de todo: “No me gustó la apariencia de esa masa. La envié a patología para despejar dudas.” Una semana después me llamó por teléfono.

Usted tiene cancer

En ese momento, mi vida se derrumbó. Temblaba de miedo, de dolor, de rabia, de ira, de decepción, de una culpa que no tenía nombre pero que me aplastaba. No quería creerlo. Envié las muestras de tejido a un laboratorio fuera del país porque necesitaba que alguien me dijera que estaban equivocados.

No estaban equivocados. El diagnóstico llegó con su nombre completo y definitivo: Carcinoma ductal infiltrante, fase I, HER2 positivo. El cirujano había extraído el tumor en su totalidad y mi mama estaba libre de células malignas. Pero mi miedo a la recidiva (al regreso del cáncer)era más grande que mi miedo a perder una mama.

El momento que nunca olvidaré

La operación fue extremadamente dolorosa. No por la cirugía en sí, sino por el momento en que desperté. Ningún analgésico, ni el más potente disponible, fue capaz de tocar ese dolor. Lloré sin parar.

Pero entonces llegaron los resultados: en los estudios radiológicos, mi cuerpo aparecía libre de células malignas. Y todos los ganglios negativos. Ese dato fue mi primer aliciente real, el primer soplo de aire en medio de todo lo que estaba viviendo.

Once meses de quimioterapia

Cuando terminé de recuperarme de la cirugía, comenzó la quimioterapia. El primer día volví a casa tranquila , solo algo mareada y sin apetito. Todos los olores me repugnaban. La luz me molestaba. Recibí mi tratamiento cada tres semanas durante once meses.

En la tercera dosis, todo mi cabello negro , el largo que me llegaba hasta la cintura se cayó. Usé pelucas idénticas a mi cabello, pero eran insoportables para dormir. Tuve que aprender a dormir con mi nueva realidad.

Lo que siguió fue un inventario de síntomas que ningún folleto me había preparado para enfrentar: mucositis, gastritis, colitis. Mis uñas y los nudillos de manos y pies se tornaron oscuros ,es la hiperpigmentación por toxicidad del agente quimioterapéutico. Perdí veinte libras de peso. Los mareos, los vómitos y las náuseas eran casi permanentes. Sufrí anosmia (pérdida del olfato) durante casi tres años. Perdí la sensibilidad en mi brazo izquierdo durante muchos años.

Al terminar la quimioterapia llegó el diagnóstico que nadie esperaba: osteoporosis en la cadera, en la columna y en el fémur , una secuela frecuente pero poco explicada de ciertos protocolos oncológicos. Los médicos dijeron que debería tomar medicación de por vida. Que no podría correr. Que no podría levantar pesas jamas.

La pregunta que lo cambió todo

A lo largo de todo ese proceso , antes de la cirugía, durante la quimioterapia, en la recuperación , nadie me dijo qué comer. Nadie me explicó cómo la alimentación podía apoyar mi tratamiento, reducir algunos efectos adversos, proteger mi masa muscular, ayudar a mis huesos. Nadie.

Esa ausencia se quedó conmigo mucho tiempo después de que terminó el tratamiento. Y se convirtió en una pregunta que no me dejaba en paz: ¿por qué nadie nos dice cómo comer durante éste proceso?

Esa pregunta fue la semilla de una decisión que transformó mi vida por segunda vez: estudiaría nutrición. Primero la Licenciatura en Nutrición y Dietética. Y luego la especialidad: Maestría en Nutrición Clínica y Oncológica en la Universidad de Barcelona, España.

Hoy

Los médicos dijeron que nunca correría. Corro.

Dijeron que no podría levantar pesas. Las levanto.

Me diagnosticaron osteoporosis y que debería tomar medicamentos de por vida. Me curé de la osteoporosis. También de la neutropenia. Tengo mi cuerpo sano, definido y fuerte. Y lo que es más importante: aprendí a amarme, a respetar mis límites, a abrazar mis virtudes y a celebrar cada triunfo por pequeño que sea. Todo eso fue posible gracias a la nutrición clínica, al entrenamiento físico adaptado y a un profundo trabajo de introspección y terapia emocional.

No cuento mi historia para impresionar. La cuento porque sé exactamente lo que sientes cuando el médico te dice ése diagnóstico. Sé lo que es buscar información a las tres de la madrugada y no encontrar respuestas que apliquen a tu situación específica. Sé lo que es atravesar once meses de quimioterapia sin que nadie te explique qué ni cómo alimentarte.

Lo que yo no tuve en ese momento , quiero que tú sí lo tengas.

Por eso existe el Método Kiebitz, es un espacio para acompañarte con evidencia clínica, con experiencia real y con toda la empatía de alguien que lo vivió desde adentro y que hoy camina a tu lado con la formación para ayudarte a atravesarlo de la mejor manera posible.

Con amor y con ciencia,

Carmen Kiebitz

Nutricionista Clínica , Oncológica y Metabólica · MSc. Universidad de Barcelona

Este contenido es de carácter personal y educativo. No constituye asesoramiento médico ni reemplaza la consulta con tu equipo de salud.

— Máster en Nutrición Clínica y Oncológica — Universidad de Barcelona, España

— Nutricionista Clínica Oncológica y Metabólica en Hospital CEMESA, San Pedro Sula, Honduras.

-Nutricionista AD-Honorem. Sala de Pediatría Oncológica, IHSS, San Pedro Sula, Honduras.

-Máster en Terapia Emocional. Cuidad de Mexico, Mexico.

- Nutrición en Deportes.Barcelona, España. Nutricionista de la Selección Nacional de Futbol Sub 19 de Honduras.

-Nutricionista Clínica y Hospitalaria. Hospital Nacional Dr. Mario Catarino Rivas. San Pedro Sula, Honduras.

— Creadora del Método Kiebitz.

-Conferencista Nacional e Internacional.

Lo que yo no tuve en ese momento , quiero que tú sí lo tengas. Por eso estoy aquí